Julián Estrada Manuel Silveria y Jesús Zarrias

Julián Estrada

       Antonio Julián Estrada Gálvez, con nombre artístico «Julián Estrada», nací en Puente Genil, (Córdoba), comienzo mi afición al flamenco de muy niño, tomando clases de guitarra, con catorce años me subo al escenario por primera vez, en el Festival Flamenco que se celebraba en Cordobilla, (por las Fiestas de San Isidro), de ahí y hasta que decido presentarme al primer concurso de Cante en mi pueblo, pasaran algunos años, los cuales paso, visitando peñas, festivales y aprendiendo de todo lo que pasa por mi alrededor.

       La obtención del primer premio en el concurso de Puente Genil, me recompensa con la primera participación en el Festival de Cante Grande, que todos los 14 de Agosto se celebra en esta Villa, unos de los más prestigiosos Festivales del todo el ámbito nacional, al mismo tiempo me abre las ganas de estudiar y dedicar mucho más tiempo y trabajo a lo que hoy es mi profesión.

       Después de dicha fecha, comienzo un devenir, de recitales en peñas acompañado de mi presentación a muchos de los concursos que las peñas Flamencas de Andalucía y fuera de esta comunidad realizan año tras año, los cuales me sirvieron para darme a conocer e ir abriendo las puertas de muchos de los Festivales que a lo largo de este camino llevo realizados, compartiendo cartel con las máximas figuras del Flamenco.

GALARDONES

1º. Premio concurso local de Puente Genil, 1988.
1º. Premio del Concurso de Alhaurín de la Torre, Málaga.
1º. Premio Concurso de Martos, Jaén.
1º. Premio concurso de Torrox, Málaga.
1º. Premio de la Peña Flamenca de Nerja, Málaga.
1º. Premio del Rincón Flamenco, Córdoba.
1º. Premio Peña Flamenca de Almodobar, Còrdoba.
1º. Premio Peña Flamenca de Almodobar, Córdoba.
1º. Premio La Volaera Flamenca. Loja, Granada.
1º. Premio Concurso de Antequera, Málaga.
1º. Premio Canario del Colmenar, Málaga.
1º. Premio Concurso de Alhendín, Granada.
1º. Premio Peña de Puerta Blanca, Málaga.
1º. Premio Peña Flamenca de Osuna, Sevilla.
1º. Premio Peña Flamenca Rincón de la Victoria, Málaga.
1º. Premio Peña Flamenca Ojén y premio especial Mejor Malagueña.
1º. Premio por SOLEA, en Cartagena, Murcia.
1º. Premio por SOLEA, en Pinto Madrid.
1º. Premio en la Casa de Andalucía de Getafe, Madrid.
1º. Premio Concurso Peña Flamenca de Adra, Almería.
Concurso de Saetas La Trinitaria, Málaga.
Concurso de Valdepeñas Ciudad del Vino.
XV Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba.
Premio de Cayetano Muriel. (Fandangos locales y personales).
Premio Dolores la Parrala, (Polo, Caña, Petenera, Serranas).
Premio a los Cantes de Levante y Malagueñas en Mairena del Alcor, Sevilla.
El Madroño Flamenco de Monteyano, Sevilla.
Insignia de Oro de la Peña Flamenca de Fosforito de Puente Genil.
Insignia de Oro de La Peña Flamenca de Zambra, Córdoba.
Premio Nacional Flamenco Activo, Ciudad de Úbeda, Jaén.
Insignia de Oro de la Asociación Virgen de la Cabeza de Valdepeñas, C. Real.

       Cuando en la XVII Bienal de Flamenco escribíamos cómo Julián Estrada “está en la antítesis de la sinrazón y como pontanés ilustre no se mueve en el terreno de la probabilidad, sino que utiliza el concepto de validez para la ejecución”, no nos costó en absoluto concluir que estaba “contribuyendo con su triunfo insultante a la verdad que Puente Genil viene propugnando a lo largo del tiempo”.

       Tres años y algunos meses después, lo que antecede forma ya parte de su condición flamenca, pues si su sonido ha ganado pujanza, expansión y presencia, frasea con decoro y gusto pero no aprovecha el cante para hacer fuegos artificiales, sino que el equilibrio y la consistencia constructiva de su nueva propuesta invita a la seria reflexión sobre cómo abordar con personalidad las sonoridades originalidades, a más de imaginarnos las fuentes donde bebió y atribuirles a éstas un carácter simbólico.

       No es extraño, pues, que de ese poso surjan los elementos caracterizadores de Naturaleza flamenca, que lo mismo pone a Andalucía en los fundamentos evocadores de El Chino y Jiménez Rejano, que viaja en el compás ternario del verdial desde la lucentina Plaza de la Barrera a la taberna pontanesa de Perico Lavado. Nos estimula con el aliento de las seguiriyas portuenses a ritmo, como lo hiciera Félix el Potajón, y si instala en el regazo de nuestros oídos la dulce profundidad de la malagueña de Chacón, nos hace sentir diversas emociones en La Pla-zuela alcalareña por soleá.

       Pero Julián Estrada también saca a la luz cantes que están ligados a nuestra alma, como las bulerías que arrancan en Lebrija, u otros que nos acompañan vida tras vida pero que él los caracteriza en dos tipos, los de efecto calmante y meditativo, como los polos el de Tobalo y el natural  ejecutados con plenitud de ocio, o la farruca, a la que le saca partido evolutivo un siglo después que la popularizara El Mochuelo, y otros excitantes, tal que las alegrías, en las que evidencia por qué son la fuerza motriz del carácter gaditano; la murciana y levantica del Cojo de Málaga, tan categóricas, y el modo de inmortalizar a la reina Mercedes por bulerías.

       Detrás de cada paisaje sonoro hay, obviamente, un altísimo nivel musical y algo más que el aficionado medio no suele desentrañar. Me refiero al sentido del ritmo, los contrastes, la creación de atmósferas, el saber adornarse con prestancia y holgura o el delinear una compleja y cambiante coloratura, rasgos que hacen que el flamenco no sea un desierto de arena que cambia de forma modulada por el viento del ungimiento, sino que sea un bosque de nuevo clasicismo henchido de particular magia.

       Salir airoso de este envite que voces menos talentosas habrían llevado la grabación a la ruina, es como contraer una enfermedad viral que contamina el aire de dignidad cantaora, un virus gestado en la universidad de la tradición que debiera ser contagiado de generación en gene- ración para que así se perpetúe la esencia de una especie flamenca sensible, cabal y moderna, que no modernista. Acaso sea porque las modas, tan desnaturalizadas, son epidemias excitantes, pero dañinas y peligrosas.

Manuel MARTÍN MARTÍN

Premio Nacional de Flamencología

Fuente: Julián Estrada | Naturaleza Flamenca (julianestrada.es)

Manuel Silveria

       El guitarrista Manuel Silveria Fernández nace en Córdoba el 2 de noviembre de 1966, y está considerado por todo el mundo como uno de los grandes genios actuales en la guitarra de acompañamiento.

       Es a los trece años cuando empieza a sentir en su interior la afición por la guitarra flamenca, hasta el extremo de ver compensados sus esfuerzos pocos años después, codeándose con sus compañeros de profesión, hecho este que coge cuerpo para esforzarse aun más en su carrera artística.

       En 1982 se inicia en la tarea de consolidar la estructura de los estilos, dar entrada y salida a los cantes y cerrar los distintos tercios en el acompañamiento. Para Silveria, la improvisación es casi continua, lo cual es causa esencial de la riqueza expresiva de su guitarra flamenca que, del acompañamiento al cante pasa al concierto en muchas ocasiones, sin que exista un método, director, ni pentagrama que lo guíe, sino fijado sólo por su impronta personal, inspiración o sentimiento.

       Antes de cumplir los veinte años de edad, Silveria ya participaba en numerosos festivales y en cursos, en los que actuaba como guitarrista oficial. Intervino en grabaciones con varios cantaores y con grupos en diversas modalidades, pero siempre relacionadas con el flamenco.

       A destacar también sus grandes dotes para el acompañamiento en el baile, donde su sensibilidad hacia esta modalidad artística queda plasmada en una completa compenetración con el compás.

       Recibió la Fiambrera de Plata del año 1988 concedida por el Ateneo de Córdoba y en 1989 obtuvo el Premio Manolo de Huelva en el XII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba. En el mismo año obtuvo una plaza de guitarrista acompañante en la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Córdoba.

Gran guitarrista con mucha afición,
con su guitarra consigue lo mejor,
se considerado por los compañeros
como uno de los grandes artistas
que ha nacido en toda la nación,
llevando siempre el mejor arte
en su guitarra y en el corazón

Jesús Zarrias

       Jesús Zarrias Estrada es un joven guitarrista de Puente Genil, sobrino del gran cantaor Julián Estrada, que a sus 23 años ha actuado en importantes Festivales Flamencos, como la Cata Flamenca de Montilla en 2002 o el Festival de Puente Genil en 2003, ha realizado giras por Francia, Suiza y Marruecos, ha acompañado a bailaores como el cordobés Rafael del Pino “El Queco”, obtuvo el Primer Premio en el Concurso de “La Perla” de Cádiz, un Premio Nacional en 2001 en guitarra de acompañamiento al baile y en los dos últimos años ha obtenido el segundo premio en el Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Córdoba.
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