El Monasterio de Santa Clara de Moguer fue declarado Monumento Nacional en 1931 e incluido dentro del conjunto histórico-artístico “Lugares Colombinos”.
Se han realizado importantes intervenciones para la sostenibilidad del conjunto monumental , así como en su promoción cultural con el fin de establecer un diálogo entre la fe y la cultura contemporánea. Pertenece al Obispado de Huelva.
El Monasterio de Santa Clara de Moguer es uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura mudéjar en Andalucía Occidental, con cerca de diez mil metros cuadrados de extensión.
Fue fundado en 1337 por Don Alonso Jofre Tenorio, Almirante Mayor de Castilla, y su mujer Elvira Álvarez, primeros señores de Moguer por donación de Alfonso XI en 1333, para monjas Franciscanas Clarisas.
El monasterio se construyó en un zona próxima a la villa, denominada “Campo de Santa Clara”, integrándose en el casco urbano gracias a la nueva tendencia urbanística iniciada a finales del S. XV y al auge demográfico de la población. Durante siglos influyó en la vida social, económica, cultural y religiosa de la comarca. Sus patronos, los Portocarrero, estuvieron íntimamente ligados a él; de hecho, algunos miembros femeninos de su linaje ingresaron en la comunidad monacal, y la iglesia conventual fue panteón familiar.
La fama y el prestigio alcanzados por el monasterio lo convirtieron entre los siglos XIV y XVII un foco de expansión de otros conventos de la misma Orden en Andalucía. Del monasterio de Moguer partió Sor Inés Enríquez con dos religiosas para acompañar a María Coronel en la fundación del convento de Santa Inés de Sevilla, en el año 1374. También, propició la reforma del convento de Santa Clara de Córdoba gracias a Sor Catalina de Figueroa, Sor Isabel Pacheco y Sor María de Toledo, hija de los condes de la Puebla, sucediendo lo mismo al convento de Santa Clara de Jaén.
Los fundadores y sus sucesores, los Portocarrero, enriquecieron el patrimonio económico del monasterio con donaciones y exenciones, propias del aquel tiempo.
Frente a él se alza el monumento dedicado a Colón, donde también se alude a su relación con el convento, visitado por el descubridor en varias ocasiones. Allí llegó buscando la protección de su abadesa sor Inés Enríquez, que era tía del rey Fernando, y al regreso del viaje cumplió en su templo el llamado “voto colombino”
Cuando regresaban a la península las carabelas La Pinta y La Niña, fueron sorprendidas a la altura de las Azores por un fuerte temporal que las separó. En La Niña, donde iba embarcado Colón con marineros de Moguer, llegaron a temer que la situación estaba perdida, por lo que decidieron encomendarse a la Virgen, haciendo voto de que dos tripulantes, visitarían otros tantos santuarios marianos si lograban sobrevivir. Los templos elegidos fueron el monasterio de Guadalupe y el Santuario de la Santa Casa en Italia. Correspondió por sorteo acudir al primero a Colón, y al segundo a un marinero de la dotación. Fue entonces cuando los moguereños propusieron también ir en peregrinación al monasterio de Santa Clara de su localidad y, en este caso, la suerte recayó también en el futuro Almirante, el cual cumplió el voto el 16 de marzo de 1493, encendiendo un gran cirio en la iglesia, donde permaneció en vigilia toda la noche. Este acontecimiento es rememorado todos los años por los vecinos de Moguer, con sus autoridades al frente, con una solemne Eucaristía y el encendido de un cirio, así como con la colocación de una corona de laurel al pie del monumento a Colón.
El edificio conventual se articula en torno a dos claustros. El llamado “claustrillo mudéjar” edificado en ladrillo, con tres arcos apuntados en cada panda y el “claustro de las Madres”, de mayores proporciones. La parte inferior es del siglo XV, mientras que en dos de sus crujías se levantó otra planta, en el XVI, con arcos de medio punto sobre finas columnas de mármol.
Entre las dependencias llama la atención la cocina por la solución arquitectónica de su bóveda que permite la iluminación cenital del espacio, así como por la reconstrucción del hogar que nos permite acercarnos a la realidad de la misma en el pasado.
Refectorio (“refertorio” según el rótulo de su entrada), con bóveda de crucería de ladrillo y escasamente iluminado.
La iglesia es de dimensiones muy superiores a las habituales en un templo conventual. Exteriormente, responde a la tipología de las iglesias fortaleza, rematando su cabecera un ábside poligonal. El interior se distribuye en tres naves con bóvedas de crucería y capillas entre los contrafuertes. En el presbiterio destaca el gran retablo mayor de mediados del siglo XVII, obra de Jerónimo Velázquez, discípulo de Juan Martínez Montañés.
Frente al altar mayor se encuentra un impresionante túmulo funerario con cinco estatuas yacentes que corresponden al fundador del monasterio, D. Alonso Jofre Tenorio; su esposa Dª. Elvira Álvarez; la hija de ambos Dª. Marina Tenorio; Dª Beatriz Enríquez; y el III señor de Moguer, el joven D. Alonso Fernández de Portocarrero.
A ambos lados se sitúan, bajo arcosolios, los sepulcros de D. Pedro de Portocarrero (VIII señor de Moguer) y su esposa Dª. Juana de Cárdenas; y los de D. Juan de Portocarrero (IX señor de Moguer) y su mujer Dª. María Osorio.
Pero, sin duda, es el coro uno de los elementos más destacados del monumento. A él se accede por una estancia cuadrada, con una cubierta mudéjar que, en su origen, fue utilizada como panteón para la comunidad.
En el interior del coro se conserva la preciosa sillería del siglo XIV, de clara influencia nazarí, como lo demuestran los delicados capiteles inspirados en los de la Alhambra, así como los leones que decoran los remates de los brazos de las sillas. En sus respaldos y en sus laterales aparecen representados las armas personales de las monjas que los utilizaron, pintados en épocas posteriores.
En la actualidad, el monasterio es la sede del Museo Diocesano de Huelva. El convento que, desde 1931, es Monumento Nacional (ahora Bien de Interés Cultural) estuvo ocupado por las clarisas hasta 1902. En 1930, pasó a ser utilizado por una comunidad de religiosas Esclavas del Sagrado Corazón, a una de las cuales, la hermana Brígida del Corazón de Jesús se la recuerda de manera especial con una lápida colocada en el exterior y con la calle que tiene dedicada. Cuando se trasladaron a Sanlucar la Mayor (Sevilla) en 1955, llegaron los capuchinos que, desde 1961, instalaron en el recinto conventual un Colegio de Filosofía, hasta que en 1975 abandonaron el edificio que, como hemos comentado, se transformó en Museo Diocesano.