En la iglesia conventual de las clarisas de Moguer se conserva una notable sillería coral. Su relevancia viene atestada por su antigüedad, su tipología constructiva y formal, historiográficamente vinculada a la tradición nazarí. Se trata de una de las pocas sillerías del siglo XIV peninsular que no han sido descontextualizadas ni dispersadas, permaneciendo dentro y para el espacio por el que fueron creadas, en el coro bajo.
El coro bajo tiene una altura de 7,32 m., por 8 m. de ancho y 16,90 metros de largo. A los pies presenta una vano rectangular de 2,90 por 6,60 metros, provisto de doble reja, de la que tan solo se conserva la interior. Gracias a ellas las monjas podían acudir a los oficios divinos. Las puertas que cierran la verja contienen valiosas pinturas. Se cubre con bóveda de cañón, que sirve de piso de la planta superior. Lo más valioso del coro bajo es su sillería nazarí. Sobre la puerta que comunica con el antecoro existe la pintura mural de un Calvario rodeado por ángeles.
A la derecha de la reja, hay una puertecita para comulgar, y sobre este un mural de Santa Úrsula..
El coro bajo posee sólo dos ventanales al exterior, situados muy en alto en el muro del lado de la Epístola. Frente por frente, en la pared opuesta, hay una pequeña puerta con restos pictóricos semejantes a los de la sillería, que comunica esta dependencia eclesiástica con el hueco de la gran escalera del claustro de las Madres. En esta especie de vestíbulo está la puerta que desde el monasterio da acceso a la iglesia a través de la capilla situada a los pies de la nave lateral derecha.