Sillería nazarí del coro bajo

Sillería nazari

       La sillería nazarí fue destrozada durante la Guerra Civil por el bando republicano, las monjas que fueron avisadas de su inminente llegada, abandonaron el monasterio y a algunas las refugió el hermano de Juan Ramon Jiménez, entre ellas la hermana Brígida, y poco a poco fueron marchándose a a sus casas con sus familias, La hermana volvió con su familia a Moriles. Cuando al guerra terminó y pudieron volver al convento la Hermana Brígida se encontró todo destrozado y entre todo ese destrozo la sillería Nazarí. Con toda la paciencia guardo todos los trozos, palito a palito, y pasados unos años se llevaron todos esos restos recogidos y «archivados» por ella  a Sevilla par su restauración, así pues, gracias a la paciencia y el enorme trabajo de la Hermana Brígida de las Clarisas, hoy podemos disfrutar de esa sillería de incalculable valor.  El pueblo de Moguer le dedico una calle una  pequeñita, humilde, como ella, en agradecimiento a su labor con el  monasterio y al pueblo de Moguer en general.

Son innumerables las obras de caridad y la ayuda tanto física como espiritual que tenia con los mas desfavorecidos, enfermos y novicias. 

     

        El coro que hay en el Convento de Santa Clara de Moguer es verdaderamente admirable, granadino-nazarita, adornado con tallas alhambrina, y pinturas representando los escudos de los patronos y anagramas de Jesucristo. Es rarísimo ejemplar y verdadera joya digna de verse y ser admirada y estudiada por los amantes de las artes.

       La sillería del coro del Monasterio es de estilo mudéjar y fue construida en el último cuarto del siglo XIV, aunque los escudos de los espaldares fueron pintados en el último cuarto del XV.

       Presenta en su organización cierta semejanza con la de Gradefes. Su estructura se compone de largueros verticales y travesaños horizontales, unidos a caja y espiga, formando marcos que encuadran tableros engargolados. Difiere de los tres sitiales de Gradefes por sus altos respaldos de 2’50 m., característica gotizante, que confiere a la obra un cierto deseo de ascensión humana y de acentuada espiritualidad. La anchura de cada sillón, de 0’74 m. permite cierta holgura y comodidad. Los asientos móviles y giratorios carecen en su parte inferior del soporte, denominado paciencia o misericordia. De originales podríamos calificar los tableros semielípticos, que forman los brazos y espaldar, excepcionalmente fijados con clavos, mientras que en el resto del conjunto se usan clavijas cilíndricas de madera. Está compuesta por 29 sillares.

       Lo ciertamente interesante de esta pieza artística es su decoración nazarí. La ornamentación tallada se localiza en los capiteles y columnillas, colocadas en el frente de los tableros que separan los asientos, y en los antecuerpos de leones tendidos, que rematan los brazos, Las estilizadas columnas, con labor de lacería en los fustes, ostentan capiteles compuestos, cuya parte inferior cilíndrica muestra delicada decoración vegetal, y la superior, en forma de tronco de pirámide invertida, guarda gran similitud con los capiteles granadinos de la Alhambra. De fuerte influencia islámica es la decoración cúfica de los ábacos, apareciendo en sus cartelas inscripciones como: “el imperio perenne”. Singulares y extraordinarias en su ejecución son las tallas de los leones, que destacan del total por su simbolismo oriental y por su enorme realismo.

    La decoración pictórica está constituida por escudos y dibujos geométricos en los altos y bajos espaldares. Dichos espaldares ostentan diversos blasones pertenecientes al linaje de las distintas clarisas que profesaron en el Monasterio. Estas armas son de conocidas familias de la nobleza: Portocarrero, Enríquez, Guzmán, Mendoza, etc. Todos los respaldares altos llevan escudos con los monogramas de “JHS” y “XPS” timbrados con corona de marqués, de la que pende el cordón franciscano rodeando al escudo. En los respaldares inferiores hay, al igual que los superiores, dos escudos por cada sitial. Todos ellos reproducen las armas de las distintas casas nobiliarias relacionadas con las clarisas.

       El coro bajo tiene una altura de 7,32 m., por 8 m. de ancho y 16,90 metros de largo. A los pies presenta una vano rectangular de 2,90 por 6,60 metros, provisto de doble reja, de la que tan solo se conserva la interior. Gracias a ellas las monjas podían acudir a los oficios divinos. Las puertas que cierran la verja contienen valiosas pinturas. Se cubre con bóveda de cañón, que sirve de piso de la planta superior. Sobre la puerta que comunica con el antecoro existe la pintura mural de un Calvario rodeado por ángeles.

       A la derecha de la reja, hay una puertecita para comulgar, y sobre este, un mural de Santa Úrsula..

       El coro bajo posee sólo dos ventanales al exterior, situados muy en alto en el muro del lado de la Epístola. Frente por frente, en la pared opuesta, hay una pequeña puerta con restos pictóricos semejantes a los de la sillería, que comunica esta dependencia eclesiástica con el hueco de la gran escalera del claustro de las Madres. En esta especie de vestíbulo está la puerta que desde el monasterio da acceso a la iglesia a través de la capilla situada a los pies de la nave lateral derecha.